Atrás quedaba la calma del puerto de Cádiz, cuando el Sant Antoni surcaba la rada de Lisboa, en el vasto océano de los Atlantes. Un grupo de simpáticos delfines se habían unido a nuestra comitiba, y jugaban bajo el casco y junto a la quilla, efectuando prodigiosas acrobacias en torno a la nave. Sin duda aquellos animales estaban de buen humor, y venían a expresarnos su rúbrica de buena suerte amparada por la mano de su padre, el bienhechor Neptuno.
En el laboratorio de la tercera cubierta, mientras tanto, los tigres de primero se afanaban en bosquejar ejemplares muscinales, ante la cariñosa mirada de Roger Bernet, quien les explicaba las bondades y excelencias del dibujo de ejemplares naturales. No era la primera vez que el oficial ponía los pinceles en manos de sus tigres, pues ya le habíamos visto proceder así en semanas anteriores.
-Se trata de hacer el dibujo lo mejor posible -había dicho Roger-. Debemos fijarnos bien en los detalles, para aprender a describir lo que uno ve. ¡Es otra manera de estudiar ciencias!
En realidad la mayoría de aquellos valientes no destacaban por sus cualidades artísticas, si bien ponían en la obra todo su empeño y maniobra. Valiéndose de las lupas binoculares, algunos consiguieron verdaderas láminas de herbolario, a las que solo faltaban algunos toques de pálido color para haberse asemejado a los dibujos del botánico francés Auguste Pleé.
Creo que algunos de los objetivos de aquella práctica podían ser:
-Hacer hincapié en la importancia del dibujo naturalista como vehículo para la observación y descripción de organismos y estructuras.
-Potenciar la observación y descripción detalladas de un grupo de organismos, en este caso los musgos.
-Favorecer el trabajo en equipo de los jóvenes.
-Aprender a tener criterio acerca de lo que debe ser un buen dibujo naturalista.
De tal modo, inmersos entre esporangios y rizomas, se nos pasó el día y apareció la luna, en cuarto menguante. Hasta bien entrada la noche nos quedamos recogiendo ejemplares y limpiando la cubierta con cepillos de púas y sebo de cerdo.
Un buen trago de aguardiente me hizo despertar a media noche para vaciar la vejiga, si embargo volví a caer sobre mi lecho igual que un rorcual se deja caer de espaldas contra las olas.
Quizás debido a un problema de organización, o puede que porque así lo quisiera el destino, al día siguiente, de buena mañana, mi compañera de los Santos y yo nos encontramos almorzando junto a la guardamarina y la velera, nuestras otras compañeras de cuartel, en el puente, mientras asistíamos a un adiestramiento fotosintético de nuestra madrina naval, la armera Turón.
El "over booking" hizo que tuviéramos que apretujarnos un poco, si bien la falta de espacio nunca resulta molesta siempre y cuando se esté en buena compañía.
Dos comentarios positivos que hacer sobre aquella sesión que, por lo demás, resultó tan impecable como todas las sesiones impartidas por la armera:
-Interdisciplinareidad: mientras explicaba la fotosíntesis, penetró en varias ocasiones con habilidad el terreno de la química, haciendo ver que los conocimientos no se limitan mediante las fronteras que nos imponen los libros de texto.
-Referenciación académica: mediante la frase "Esto ya lo daréis más adelante, en otros cursos; ahora yo os contaré el proceso básico", la docente consiguió ubicar cómodamente los conceptos impartidos en el contexto global de toda la enseñanza escolar.
Puestos los deberes para casa, la sesión terminó con la misma suavidad que el planeo de una raya en las planicies del fondo oceánico.
A la sazón, el sol marcaba el mediodía, y disparaba sus puntiagudos rayos verticalmente sobre el maderamen del puente.
Al punto, volvimos a reunirnos con el oficial Bernet para asistir a una interesante sesión de exposiciones. Se había encomendado a los invencibles de 2º de ESO C la labor de exponer oralmente, y por equipos, los resúmenes del tema que estaban estudiando en aquel momento.
Fue así como asistimos a la exposición oral de los diferentes grupos, quienes nos fueron revelando los secretos del modelado kárstico y la intrépida idiosincrasia de las aguas salvajes.
Lo más positivo de aquella sesión, fue que Roger nos pidió a la timonel y a mí colaboración a la hora de evaluar a sus muchachos.
Dicho y hecho.
La timonel y yo, pertrechados de cuaderno y bolígrafo, fuimos tomando anotaciones, basándonos en los criterios de:
-Contenidos.
-Coordinación-organización.
-Interés-participación.
-Exposición.
Pude sacar en conclusión que acaso yo fuera un juez asaz magnánimo, puesto que mis calificaciones siempre planeaban unas décimas por encima de las de mi compañera y de las del oficial. No obstante ello, lo que hacíamos finalmente era poner en consenso nuestras observaciones, para dar así un promedio más justo a nuestros jóvenes tigres, quienes se afanaban con empeño por superar las dificultades de tamaña maniobra.
Una sesión, ciertamente, muy enriquecedora, que me hizo olvidar por completo el hecho de que abandonábamos Lisboa para surcar latitudes más septentrionales.
En el laboratorio de la tercera cubierta, mientras tanto, los tigres de primero se afanaban en bosquejar ejemplares muscinales, ante la cariñosa mirada de Roger Bernet, quien les explicaba las bondades y excelencias del dibujo de ejemplares naturales. No era la primera vez que el oficial ponía los pinceles en manos de sus tigres, pues ya le habíamos visto proceder así en semanas anteriores.
-Se trata de hacer el dibujo lo mejor posible -había dicho Roger-. Debemos fijarnos bien en los detalles, para aprender a describir lo que uno ve. ¡Es otra manera de estudiar ciencias!
En realidad la mayoría de aquellos valientes no destacaban por sus cualidades artísticas, si bien ponían en la obra todo su empeño y maniobra. Valiéndose de las lupas binoculares, algunos consiguieron verdaderas láminas de herbolario, a las que solo faltaban algunos toques de pálido color para haberse asemejado a los dibujos del botánico francés Auguste Pleé.
Creo que algunos de los objetivos de aquella práctica podían ser:
-Hacer hincapié en la importancia del dibujo naturalista como vehículo para la observación y descripción de organismos y estructuras.
-Potenciar la observación y descripción detalladas de un grupo de organismos, en este caso los musgos.
-Favorecer el trabajo en equipo de los jóvenes.
-Aprender a tener criterio acerca de lo que debe ser un buen dibujo naturalista.
De tal modo, inmersos entre esporangios y rizomas, se nos pasó el día y apareció la luna, en cuarto menguante. Hasta bien entrada la noche nos quedamos recogiendo ejemplares y limpiando la cubierta con cepillos de púas y sebo de cerdo.
Un buen trago de aguardiente me hizo despertar a media noche para vaciar la vejiga, si embargo volví a caer sobre mi lecho igual que un rorcual se deja caer de espaldas contra las olas.
Quizás debido a un problema de organización, o puede que porque así lo quisiera el destino, al día siguiente, de buena mañana, mi compañera de los Santos y yo nos encontramos almorzando junto a la guardamarina y la velera, nuestras otras compañeras de cuartel, en el puente, mientras asistíamos a un adiestramiento fotosintético de nuestra madrina naval, la armera Turón.
El "over booking" hizo que tuviéramos que apretujarnos un poco, si bien la falta de espacio nunca resulta molesta siempre y cuando se esté en buena compañía.
Dos comentarios positivos que hacer sobre aquella sesión que, por lo demás, resultó tan impecable como todas las sesiones impartidas por la armera:
-Interdisciplinareidad: mientras explicaba la fotosíntesis, penetró en varias ocasiones con habilidad el terreno de la química, haciendo ver que los conocimientos no se limitan mediante las fronteras que nos imponen los libros de texto.
-Referenciación académica: mediante la frase "Esto ya lo daréis más adelante, en otros cursos; ahora yo os contaré el proceso básico", la docente consiguió ubicar cómodamente los conceptos impartidos en el contexto global de toda la enseñanza escolar.
Puestos los deberes para casa, la sesión terminó con la misma suavidad que el planeo de una raya en las planicies del fondo oceánico.
A la sazón, el sol marcaba el mediodía, y disparaba sus puntiagudos rayos verticalmente sobre el maderamen del puente.
Al punto, volvimos a reunirnos con el oficial Bernet para asistir a una interesante sesión de exposiciones. Se había encomendado a los invencibles de 2º de ESO C la labor de exponer oralmente, y por equipos, los resúmenes del tema que estaban estudiando en aquel momento.
Fue así como asistimos a la exposición oral de los diferentes grupos, quienes nos fueron revelando los secretos del modelado kárstico y la intrépida idiosincrasia de las aguas salvajes.
Lo más positivo de aquella sesión, fue que Roger nos pidió a la timonel y a mí colaboración a la hora de evaluar a sus muchachos.
Dicho y hecho.
La timonel y yo, pertrechados de cuaderno y bolígrafo, fuimos tomando anotaciones, basándonos en los criterios de:
-Contenidos.
-Coordinación-organización.
-Interés-participación.
-Exposición.
Pude sacar en conclusión que acaso yo fuera un juez asaz magnánimo, puesto que mis calificaciones siempre planeaban unas décimas por encima de las de mi compañera y de las del oficial. No obstante ello, lo que hacíamos finalmente era poner en consenso nuestras observaciones, para dar así un promedio más justo a nuestros jóvenes tigres, quienes se afanaban con empeño por superar las dificultades de tamaña maniobra.
Una sesión, ciertamente, muy enriquecedora, que me hizo olvidar por completo el hecho de que abandonábamos Lisboa para surcar latitudes más septentrionales.
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