domingo, 21 de noviembre de 2010

Calma chicha

La jornada del jueves fue relajada. Ningún asunto de gravedad vino a turbar el sosiego de cubierta.
El Sant Antoni acortaba millas hacia la frontera italiana, quebrando con su quilla unas aguas azuladas con crestas espumosas. Al amanecer, la presencia de gaviotas sobrevolando la arboladura nos indicaba que la costa estaba cerca.
La timonel de Los Santos vino a buscarme al puente. Juntos acudimos al camarote de Roger Bernet, donde el oficial ya nos esperaba junto a la armera Elisenda.
Se trataba de planificar las unidades didácticas que mi compañera y yo debíamos impartir durante nuestra fase de intervención autónoma. Finalmente, y asesorados por ellos, nos decantamos por un tema de geología (geodinámica interna) y otro de biología (animales, vertebrados e invertebrados).
En esta reunión aprendimos acerca de los horarios de las clases (de 8:00 a 13:30 y de 15:15 a 17:15, lunes martes y jueves; y únicamente por las mañanas, los miércoles y viernes), así como de los horarios del profesorado. Por lo general, un profesor normal y corriente tiene treinta horas diarias de permanencia en el puente. Si no es tutor, ha de cumplir 24 horas de clase y 6 de permanencia en la cubierta, dos de las cuales suele dedicar a reuniones. En el caso de los tutores, el horario suele organizarse así:

-21 h de clase.
-1 h de atención a padres de alumnos.
-2 h para tutorías individualizadas.
-1 h para reuniones.
-3 h para trabajo personal.

Sin embargo, esas tres horas no suelen alcanzar para preparar todas las intervenciones armadas, con lo cual el trabajo "extra-escolar" suele estar a la orden del día en el caso de los tutores.
Por último, Elisenda nos estuvo dando algunas informaciones acerca de las tecnologías disponibles en el navío, tales como pizarras digitales o carros de proyección (dos por planta).
Acto seguido, la timonel y yo acudimos a una clase con la audaz marinera Elisabeth. Se trataba de la segunda parte de la práctica sobre claves dicotómicas que anteriormente habíamos vivido ya con el oficial Roger.
La clase estaba muy despistada. Elisabeth les recordó en qué consistía la práctica y puso a cada marinero a trabajar en su sitio. Luego les dio unas fotocopias para que vieran una clave real, hecha con figuras geométricas (triángulo, romboide, etc.). Utilizó la clave en voz alta para mostrar a los tigres su funcionamiento. De este modo les mostró cuatro o cinco ejemplos, antes de ponerles manos a la obra. La timonel De los Santos y yo, no perdíamos detalle, y ayudamos a los valerosos grumetes en cuanto podíamos.
Lo siguiente que hicimos, tras finalizar esta sesión y tomar un estofado hecho con peces y aves del país, fue reunirnos, esta vez en el castillo de popa, nuevamente con Elisenda y todas las tutoras del primer ciclo de ESO: Elisabeth, Sandra, Carme y Esther.
Recuerdo vagamente los temas allí tratados. En primer lugar se habló sobre la fecha presentación de mediación de 1º de ESO, comprobando las fechas disponibles en la agenda. Después, se trataron otros temas acerca de los cuales no quiero explayarme: la fira solidaria (2 céntimos para participar en las pruebas, con el premio de unas entradas de cine), tutorías (organización de un debate sobre "eduación"), problemas con estudiantes en concreto (en particular una alumna a la que calificaron de manipuladora y consentida, y que acude al colegio en monopatín), otras actividades para el día de San José de Calasanz (bolera, cine, patinar, gingkana, etc.), jornada de portas obertas, obtención del email de algunos padres de grumetes... En fin, innumerables temas difíciles de expresar en esta crónica.
Fue una reunión distendida y muy organizada. Se notaba que estaban a gusto y eran profesionales que se conocían desde hacía tiempo.
La armera Elisenda estuvo muy centrada en todo momento. Se trata de una profesional como la coma de un pino, con las ideas claras, demostrando una actitud definitoria, y muy implicada con todo aquello que se hablaba en la mesa. Al final de cada punto del orden del día se aseguraba de que todas estaban de acuerdo y no quedaban dudas mediante preguntas como "¿Vale?", "¿Sí?". No perdía nunca la sonrisa. Resultaba increíble su capacidad para controlar el orden del día, al tiempo que no perdía ripio en el diálogo o controlaba nuestras reacciones (de nosotros, los foráneos), para saber si estábamos siguiendo la reunión. No hace falta ser un mago ni un genio para darse cuenta de que con ese trabajo la armera encontró la horma de su zapato.
En cuanto llegué a mi camarote caí rendido. Soñé con todo lo que había aprendido ese día. El hambre me despertó. Acuciaba mi estómago por momentos. Sin embargo el régimen de racionamiento se está intensificando los últimos días, hasta que abordemos Génova, donde volveremos aprovisionarnos.

La mañana siguiente, viernes, me desperté con gran necesidad de ir al lavabo. Habíamos atravesado una pequeña borrasca y la nave había estado temporajeando durante varias horas. Aún no me había recuperado de mis náuseas, cuando encontré a mi compañera la timonel.
Bajamos a la chalupa de Casal. El contramaestre David Magrí nos esperaba, junto a mis otras dos compañeras, Nuria y Ester. Los cinco nos acercaríamos hasta la costa e intercambiaríamos algunos cofres repletos de baratijas por algunas cabezas de ganado.
En el transcurso del trayecto, el contramaestre nos estuvo contando en qué consistía su trabajo.
Casal surgió como una iniciativa que agrupase todas las actividades extraescolares bajo la bandera de unos mismos valores educacionales. Digamos que se dedica a lo que en otros lugares se dedican las HAMPAS, u otras empresas externas. Existía desde hace 26 años y su objetivo era el de unificar los criterios de las actividades extraescolares con los criterios y valores de la escuela escolapia.
En el Casal trabajan tanto profesionales asalariados como voluntarios. El contramaestre nos entregó un pequeño folleto con todas las especificaciones de su departamento, imposibles de dejar aquí reflejadas. Sí que me resultó muy curioso el papel de mediador que el Casal tiene con el barrio de Sant Antoni. Fue por ello quizás que, con David, nos acercamos a tierra, donde el lenguaje marinero pierde momentáneamente su significado.
Ya es de noche y estoy alojado en la posada genovesa de Tres Zorros. Pasaremos aquí el fin de semana, pero en la noche del domingo volveremos a la chalupa para cargarla con nuestras provisiones.
La semana que viene nos aguarda llena de incógnitas. Estoy seguro de que será una travesía apasionante, trabajando al costado de tan leales y tan bravos marineros como los del Sant Antoni.

Ulises

Un incidente de grave magnitud nos despertó  de madrugada. El buque había encallado en una rada de poca profundidad. El vigía de la cofa no había tenido tiempo de reaccionar ante el montículo que se aproximaba desde estribor por avante, de tal modo que despertamos sobresaltados por un crujido como venido de los infiernos.
El capitán tomó la resolución de esperar a que subiera la marea para proceder a maniobrar. Fueron cerradas las vías de agua, de tal manera que, salvando algunos desperfectos en el casco, la cosa paró ahí. Sin embargo yo no pude volver a dormirme.
Ya de mañana tenía tanto sueño que cinco kilos de achicoria no me hubieran bastado para despertar.
Era miércoles.
A primera hora, mis tres compañeras y yo nos reunimos con el mayor Xavi, mentor de mis compañeras Zapater y Trincheria. El mayor Xavi fue el encargado de explicarnos el funcionamiento de los "seminarios", o departamentos en los cuales se organizan los oficiales de cada asignatura. Hay varios seminarios, agrupados por materias: matemáticas, idiomas, artes plásticas y música, experimentales, etc. Cada seminario se reúne dos veces por semana. Existe un jefe de seminario que presenta el acta del día, con los asuntos a tratar. Asimismo, cada dos meses se celebra una reunión de los "jefes" de seminario, junto con los coordinadores de etapa, el cap pedagógico y el cap de orientación. Sin duda una tarea loable y que requiere mucha dedicación.
Si mal no recuerdo, las funciones principales de la constitución de los seminarios son, en primer lugar, velar por la pedagogía, y en segundo término, atender a la necesidad de materiales, etc. A parte de eso, mencionar la existencia de una persona que dedica dos horas semanales a la manutención de los laboratorios. Lo mismo sucede en las aulas de tecnología.
El resto de la conversación versó sobre el "constructivismo", del cual Xavi es un acérrimo defensor. Acicateado por nuestras preguntas, fuimos obteniendo diversas informaciones acerca de lo que a él le suscitaba este tema en particular.
-Es esta -nos dijo- una escuela experimental de reforma. Nuestro objetivo es desligarnos del libro, dirigiéndonos hacia una enseñanza activa y en contexto.
No sé por qué, pero no pude evitar acordarme del oficial Bernet con sus llaves y sus claves dicotómicas.
-Una de nuestras mayores metas -explicó Xavi- es que el profesor pueda transmitir a sus tigres su criterio de evaluación, para acto seguido mostrarles los elementos que usará para valorar ese criterio. Es muy importante que se haga hincapié en el nivel de satisfacción que estos recursos salpican sobre el alumnado; debemos encontrar las causas. Por último -concluyó-, deberíamos tener claros los recursos que necesitaríamos para mejorar cualquiera de esos criterios.
Nos estuvo también explicando un posible motivo por el cual algunos oficiales de clase "magistral" eran reacios a pasar al constructivismo. Al parecer, la falta de seguridad impedía que algunos docentes prescindieran del libro a la hora de impartir sus lecciones.
-"Es que lo probé una vez, y me salió mal" -imitó la voz de uno de sus compañeros-. ¿Y qué? ¡Para que una actividad salga bien hay que probarla unas cuantas veces!... ¡Los alumnos deben acostumbrarse al nuevo modo de trabajo!... No podemos pedirles que nos sigan desde la primera vez... -hizo una pausa para tomar aire. No paraba de gesticular con las manos-. ¿Para qué queremos saber cuántas patas tiene un miriápodo? ¡Por supuesto que es importante!... Pero más importante es que enseñemos a nuestros tigres a mirar la naturaleza. Que les demos tiempo para ello. ¡Cómo van a aprender si ni siquiera me aguantan que les ponga una película!...
Lo último que nos estuvo explicando fue la culpabilidad que detentaban las editoriales a la hora de que se produjera el cambio didáctico, ya que eran ellas las más reacias a apostar por unos materiales que consideraban se venderían peor, o para un mercado más reducido. Cerramos la sesión comentando la dificultad de adaptar una infraestructura vieja, como es la del Sant Antoni, a la adquisición del proyecto 1x1.
La mañana discurría tranquila. A eso de las 11:30 divisamos un navío por babor. Probablemente se trataba de uno de los mercantes de la flota británica. Un barco pequeño y veloz, con una quilla de treinta y cinco pies y nueve pies de manga.
Volvimos a bajar a la cuarta, donde la armera Elisenda ya arengaba a sus tigres de 1º de ESO.
-Habíamos quedado en entregar el dossier de "biodiversidad", ¿verdad? -recordó-. Muy bien, id entregándome los dossier mientras os devuelvo los dossieres corregidos de la semana pasada.
A medida que los tigres se acercaban a ella, me fijé en que algunos alumnos se hallaban sentados en sitios diferentes a los del otro día.
Me llamó la atención que ella les fuera explicando los criterios que había utilizado en la evaluación, tal como había dicho por la mañana el mayor Xavi. De ese modo los grumetes pueden darse cuenta de dónde y por qué han fallado, y cómo subsanar sus errores para la próxima ocasión.
Al cabo de un rato, cuando todos hubieron entregado su dossier, la armera Turón repasó los contenidos que entrarían en el examen de la semana siguiente:
-¿Qué preguntas pueden caeros? -inquirió-. ¿Qué reinos conocemos?... ¿Qué tipos de células pueden tener los seres vivos?... ¿Qué más diferencia a los reinos?
Ya había percibido anteriormente esta estrategia en su modo de hacer. Mediante preguntas, conseguía exprimir al máximo los cerebros de aquellos valerosos tigres ansiosos por aprender. Procediendo así, construyó con los comentarios un cuadro que ocupaba media pizarra, donde se ubicaban los cinco reinos y sus características diferenciales.
-¡Importante para el martes!... -dijo, señalando la pizarra-. ¿Qué más cosas son importantes para el examen?
Algunos grumetes le lanzaban un comentario. Ella les preguntaba en qué consistía, y de ese modo les iba tirando del hilo hasta agotar todas las posibilidades didácticas de un tema. Fue así como el encerado se llenó de términos tales como "Teoría de la evolución", "Especie" o "Biodiversidad".
Fue gracioso escuchar cómo una muchacha preguntaba acerca de la idea previa que ya habíamos estudiado con nuestra almirante Sìlvia.
-¿Por qué hay que sacar las plantas de la habitación por la noche?
Lo último que el grupo repasó antes de dar por zanjado el asunto, fueron las partes del microscopio.
-¿Dudas? -preguntó Elisenda-. ¿No?... Muy bien. Actividades de síntesis.
La clase terminó con normalidad, sin que sucediera ninguna coyuntura diferente a la de días anteriores.
Cuando nos dirigíamos al castillo de proa, nos cruzamos con el capitán, que enfocaba con el catalejo hacia el navío británico, que prácticamente ya era un punto en la lejanía.
Al lado del castillo nos esperaba Carme, la contramaestre, responsable del departamento de orientación. Nos recibió en el aula en que reciben instrucción los Ulises, la tropa de élite del Sant Antoni. Estos fieros marineros nos miraron con expectación, algunos más tímidos que otros. En ellos pudimos percibir fuerza y valor, así como ganas de superación.
Habiéndoles encomendado su tarea del día, Carme les dejó solos para acompañarnos a nosotros hasta el castillo. Allí, nos puso al corriente sobre los recursos de atención a la diversidad para alumnos con dificultades de aprendizaje. Nos habló sobre las aulas de acogida para extranjeros recién llegados, los refuerzos, las atenciones individualizadas (puntualmente en adaptaciones curriculares), los desdoblamientos (división de clase por la mitad), las tutorías individualizadas, las optarivas, las tropas de élite Ulises (en 3º y 4º de ESO), los planes de acción tutorial...
Ya era la hora del crepúsculo cuando Carme coronaba sus explicaciones asegurándonos que la educación que se escribe sobre papel es una utopía, y que quien mira a la lista de alumnos, y no a los sus ojos buscando las necesidades particulares, no sabe nada de educación.
Quedé profundamente impresionado por esta bravía marinera de la educación, porque desde el primer momento en que hablas con ella puedes darte cuenta de que cree ciegamente en lo que hace.
Bajo la nube de estas reflexiones despedí el día, recostado en el almohadón de mi lecho, con los brazos estirados y las manos apoyadas bajo la cabeza.
No recuerdo si tardé mucho tiempo en quedar dormido.

Martes soleado

El sol colgaba en lo alto del cielo cuando me desperté. Un dosel azul cubría el firmamento, salpicado con algunos cirros retorcidos en extrañas posturas.
Después de desayunar unas gachas aderezadas con hidromiel, me presenté en la cubierta. El teniente conserje me hizo saber que mi oficial de derrota, Roger Bernet, aguardaba en el laboratorio junto a las levas de la ESO.
Allí me encontré con la timonel De Los Santos, con quien estuve departiendo un rato acerca de la primera jornada. En líneas generales, coincidíamos en cuanto a la abrumadora cantidad de información a la que estábamos siendo sometidos.
El oficial Roger nos saludó con su habitual buen humor, presentándonos a Anna y a mí a sus muchachos. Sin más dilación, comenzó la instrucción de laboratorio.
Lo primero que hizo, fue poner en antecedentes a sus tigres, para que ninguno perdiese ripio.
-Los dos últimos días -dijo- hemos estado observando células vegetales y animales con el microscopio. Nos quedaría ver algún microorganismo.
Recordó cómo se clasificaban los seres vivos, y les hizo hincapié en la importancia y la necesidad de establecer claves dicotómicas para tal menester.
-Pensad alguna característica -prosiguió- que nos permita separar a los siguientes tigres en dos grupos.
Señaló a seis o siete alumnos, escribiendo sus nombres en la pizarra. Parece que el ver sus propios nombres o el de sus compañeros escritos en la pizarra, contextualizaba las claves dicotómicas, despertando en los audaces marineros un interés que de otro modo no hubiesen experimentado.
Fue diferenciando entre algunas características que permitían agrupar a los chicos en diferentes grupos: chico-chica, pelo moreno-no pelo moreno, pelo rizado-no pelo rizado, etc. De tal modo que al final sólo quedó una  valerosa grumete frente a la clase. Cualquiera podía darse cuenta de para qué se utilizaban las claves, pues, de tal modo que si uno iba por el monte y llevaba una clave dicotómica para identificar artrópodos, no tendría dudas a la hora de separarlos por la forma de sus patas, la posición de sus antenas o el color de su abdomen.
Dicho y hecho. Roger repartió entre los suyos sendos juegos de ocho llaves, para que los tigres construyeran su propia clave dicotómica. Y así fue como, separando las doradas de las plateadas, las dentadas de las no dentadas, o las que tenían una cubierta de plástico de las que no la tenían, los jóvenes grumetes fueron construyendo su propia clave de identificación específica.
Lo que más me llamó la atención de esta instrucción fue la manera de contextualizar el concepto de clave dicotómica en dos ambientes que podían serles muy familiares a los alumnos: su propio aspecto físico, y una simple llave, que todo el mundo ha visto y que todo el mundo ha tocado. Otro menos experimentado que Roger -podría haber sido yo- hubiese atacado el virginal cerebro de los jóvenes tigres directamente con una Genista florida, o un pepino de mar. Lo cual habría resultado nefasto, sin duda.
Cuando retornamos al castillo con el oficial Bernet, vimos a un marinero trabajando en la proa, afirmando la escota del foque. Volvimos a reunirnos con la guardiamarina Nuria Zapater, quien esta vez venía acompañada de su compañera de fatigas, la velera Ester de Trincheria, otra valerosa marinera con quien yo también había servido a bordo del Pompeu Fabra.
Estuvimos reunidos con Roger unos cincuenta minutos. Fue en esa reunión cuando nos entregó una copia del organigrama del centro -que más adelante intentaré escanerar- y cuando nos explicó en líneas generales el funcionamiento a nivel directivo y de departamentos que ya se ha descrito en la primera entrada de esta bitácora.
Como novedad, pudimos entender mejor la relación que se daba entre las 19 escuelas pías de Cataluña, abordar medianamente el tema de la "Pastoral UNESCO" -que más tarde nos explicaría Greta, su responsable-, conocer la existencia del Secretariado de las escuelas y enterarnos de que los territorios escolapios de Senegal, México y California pertenecían a la provincia escolapia de Cataluña. Gracias a la curiosidad creciente de la velera de Trincheria, también ahondamos superficialmente en las modalidades de diversificación, tales como PQPI, etc., y su problema de que, pese a ser concedidos por la consejería de Educación, son subvencionados por la de Trabajo. Por último conocimos la existencia de SEFED, o red de empresas simuladas en las que algunos grumetes rebeldes del Sant Antoni optan por una vía de aprendizaje dirigida ya al mundo empresarial.
Un marinero de castillo nos indicó desde el bauprés que habíamos avistado la costa francesa. Para mantenernos en aquella posición, el capitán dio orden de mantener el buque al pairo. Se bracearon las vergas,  de manera que las velas, contrariando su acción mutua mantuvieran la nave casi inmóvil.
Tras tomar un tentempié a base de carne picada y ron, la timonel De los Santos y yo subimos a la cuarta cubierta para encontrarnos con 1º de ESO C.
Habiendo resuelto un pequeño conflicto en el que un tigrecito travieso había ensuciado la mesa de una compañera y, por tanto, debía ir al despacho de la armera para coger los productos de limpieza y limpiar la cubierta, Elisenda nos presentó al nuevo grupo.
Me fijé en las paredes del aula, observando todo tipo de trabajos e informaciones expuestos allí: el English corner, una definición con todas las acepciones de la palabra "Silencio" sobre la pizarra, trabajos sobre campañas electorales de los alumnos, otro trabajo relacionado con la historia de sus padres, un tablón de anuncios lleno de informaciones -a cual más interesante-, una cadena de "manos" de cartulina que lleva implícito el mensaje "Conócete" correspondiente a la política de valores del Sant Antoni en el año presente, etcétera.
Quise notar que, los tigres de 1º de ESO, eran algo más agitados que sus compañeros de 2º. Sin embargo mi percepción podía estar deformada por la previa asistencia al recreo con que los primeros acababan de contar, razón por la cual aún venían alterados.
También me hizo gracia notar cómo se interesaban por mí, dejando momentáneamente de lado sus tareas. Que de dónde era, que si era extranjero, que cuántos idiomas sabía... En verdad son mentes muy curiosas y despiertas, que un día podrán llegar a navegar como el que más. Puede que fuera el hecho de que el puerto de Sant Antoni se encuentra en un barrio diverso, pero lo cierto es que en las aulas se percibe una gran variedad de fisionomías, procedentes de las cien naciones del globo.
En fin, la clase consistió en ejercicios y más ejercicios. Hubo un punto en el que parecía que el murmullo aumentaba y los tigres se desmandaban por momentos. Fue en ese instante cuando la armera Elisenda decició comenzar a corregir.
Terminada la corrección, Elisenda volvió a recorrer las mesas para socorrer a aquellos con mayores problemas, o con currículum adaptado.
Minutos después, estábamos de nuevo en la cubierta.
La velada terminó con una reunión en el castillo de proa, donde tuvimos ocasión de intimar con Greta Bayó, coordinadora de pastoral. La piloto nos estuvo instruyendo acerca de la encomiable labor llevada a cabo desde este departamento: en qué consistía el "Pastoral", por qué el Sant Antoni era un buque "UNESCO", la filosofía de la escuela (trabajar los valores personales y la fe y cultura religiosa...), etc.
También nos explicó que, desde este departamento, cada año se pensaba un lema para el buque, lema a través del cual se trabajaran esos valores desde todos los ámbitos a lo largo del año. Creo que ya lo he mencionado antes, pero el lema de este año es "Descúbrete". No tardé en percatarme de que de ahí venía lo de la decoración de las aulas con las "manos" de cartulina.
Lo último sobre lo que nos habló la piloto de pastoral fue los grupos de voluntariado, el grupo verde (ecologistas elegidos entre los grumetes del colegio), el grupo "Kasumai", y el grupo de cariz religioso "Mou-te", para aquellos intrépidos tigres que desean participar de la comunión y la confirmación en nuestro Señor Jesucristo.
Nuevamente llegué a mi jergón agotado, a tal punto que quedé dormido sobre las mantas si apenas haberme quitado las sucias botas.
Quedaba mucho por aprender. Mañana sería un día duro en el Sant Antoni. Más me valía descansar.

Maniobra de reconocimiento

La estridente voz del vigía de la cofa de mesana nos hizo salir de nuestra ensoñación, llamando a los marineros a recreo. Ciertamente pensé que un reconstituyente caliente y unas galletas rancias no podían hacerle ningún daño a mi anémico estómago.
Tras reponernos mediante aquellas viandas, nos dispusimos a afrontar nuestro primer reto: la toma de contacto con las levas de 2º de ESO B.
De la mano de la armera Turón, me dirigí a la segunda cubierta para conocer a aquellos bravos marineros. La armera me presentó a los suyos poniéndoles un poco al corriente acerca de las naves en las que yo había servido.
-El piloto Emperador invertirá con nosotros dos semanas de observación, para posteriormente desembarcar en Sicilia. Volveremos a recogerle después de las fiestas de Natividad de Nuestro Señor, con el fin de que se nos una para luchar en la campaña de primavera, contra los corsarios sin patria del Mediterráneo.
La armera Turón arengaba con estas palabras a sus fieros tigres, sobre quienes ejercía autoridad y dominio, pero para quienes siempre tenía la cordialidad y la amabilidad del trato personal.
-Muy bien, ahora comencemos con la maniobra sobre ecosistemas -prosiguió-. Antes de nada, recordar que el viernes estuvimos haciendo una práctica...
La armera fue recordándoles mediante pistas la práctica, de tal manera que fueron ellos mismos quienes le contaron a ella en qué había consistido. Constructivamente, los intrépidos marineros fueron creando un mapa sobre la pizarra y pasados cinco minutos no hubo quien no recordara la citada práctica.
-Pues bien -dijo-, para este viernes debéis tener la actividad de dilución. A parte de eso, os había mandado buscar las cinco especies de buitres existentes en Cataluña. ¿Los habéis encontrado?
Pude fijarme cómo aquellos valerosos tigres se desvivían y levantaban las manos para contestar a la armera. De uno en uno, y por turnos, ella les iba dando permiso para hablar, mientras que ellos contestaban lo que se les demandaba en cada ocasión. Eran pocos quienes no mostrasen interés en la maniobra, y en esos escasos momentos era ella quien les acicateaba para que contestasen, o entendiesen lo que se les solicitaba.
De tal modo transcurrió una media hora, en la que la armera Elisenda fue manteniendo un diálogo dinámico con sus tigres, departiendo sobre si el muérdago era parásito o no, y otra serie de cuestiones relacionadas con la ecología. Acto contínuo la armera trazó sobre la pizarra del camarote un esquema que construyeron los propios tigres con sus aportaciones puntuales. Se trataba del ciclo de materia y energía, en el que se mostraba cómo el sol alimentaba la cadena desde los cielos, y en el que el flujo de energía es traspasado de productores a consumidores, para ser posteriormente devuelto al inicio mediante los descomponedores.
Voto a Dios que de ella no salieron apenas palabras, como no fuera las meras indicaciones que hacían que sus bravos marineros recordasen autónomamente el ciclo.
Como no es mi intención alargarme demasiado al respecto, resumiré mis impresiones mediante una sucinta enumeración:
-Los tigres de 2º de ESO ya escriben en folios. Yo, durante mi etapa como grumete, no había escrito en folios hasta 2º o 3º de BUP.
-La armera Elisenda aprovecha cualquier tipo de pregunta, por desatinada que resulte, para sus propios fines: la redirige hacia el tema que se está tratando, y pone a prueba a sus marineros rebotándoles la pregunta de una manera desconcertante.
-La armera no hace preguntas directas: siempre son preguntas abiertas.
-Los alumnos son muy proactivos. Formulan numerosas preguntas. Si la pregunta está relacionada con el tema a tratar, Elisenda les permite seguir por esa senda. En caso contrario, corta la vía, y proporciona una vía de escape satisfactoria.
-La mayoría de alumnos disponen de una agenda escolar, en la que apuntan los deberes, fechas de examen, etc.
-Existen marcados roles entre los alumnos: líderes, bromistas, sociables, borregos que siguen a los líderes, empollones, responsables, pasotas, autistas, aplicados...
Aunque obtuve muchas otras impresiones, estas fueron las que me causaron mayor asombro.
Los últimos minutos de la maniobra fueron dedicados a hacer ejercicios del libro sobre el tema tratado. La armera anotó en la pizarra para cuándo tenían que estar listos, mientras los alumnos comenzaban a hacerlos. De este modo fue que Eslisenda pasara por las mesas, multiplicando su persona para solucionar las pequeñas dudas de sus alumnos, los pequeños problemas individuales, etc., advirtiendo a los más rezagados, alentando a los esforzados, zanjando a los inquisidores, o dando su tarea particular a los dos o tres bravos marineros que con algún problema no pueden seguir el ritmo de los demás.
Eran las 13:30 cuando volvimos a oír la voz del vigía de la cofa, que indicándonos el cambio de turno, nos daba la señal para ir a descansar. El aula se tornó un espacio de caos, una maraña en la que algunos salían corriendo y otros acudían a la armera Turón para resolver alguna duda de última hora. Definitivamente, aquel trabajo requería mucha dedicación: dentro del tiempo del aula, y fuera de él.
Ciertamente aquel había sido un día largo, lleno de nuevas emociones. Creo que no tardé ni cinco minutos en quedar dormido cuando me acosté en el jergón de paja de mi camarote.

Reunidos con los artífices de navegación

Reconocida físicamente la nave y sus departamentos, la timonel De los Santos y yo acudimos nuevamente al castillo de proa, en la quinta planta, donde nuestro oficial de derrota había convocado a los coordinadores de ciclo. Allí fue donde vimos por vez primera la capacidad de mando del oficial Bernet, quien con paciencia jesuítica fue presentándonos uno a uno a los tigres artífices del orden de la nave:
-Os presente a la armera, Elisenda Turon, coordinadora de 1º de ESO -puntualizó el oficial Bernet-. Trabajaréis estrechamente con ella. No dudo que sabrá guiaros en vuestros primeros días. Os presento también a los mayores Sergi López, Miquel Nadal y Joan Quintana, coordinadores de 2º de ESO, bachiller, y FP y adultos, respectivamente. Voto a Dios que no dudarán en ponerse a vuestra disposición siempre que lo preciséis.
La timonel De los Santos y yo, tomábamos nota de todo con interés creciente, aunque la cantidad de información nos abrumaba por momentos. Fuerza es decir que, a ella y a mí, se había unido antes de la reunión la guardiamarina Nuria Zapater, antigua compañera a bordo del Pompeu Fabra y destinada, como nosotros, ahora en el Sant Antoni.
-No hace falta que os presente al capitán del navío -continuó el oficial Bernet, señalando al director Beringues-, pues que ya lo conocéis. Estos de aquí son el comodoro de la chalupa, David Magrí, y la piloto Greta Bayó, coordinadores de extraescolares y pastoral.
El comodoro nos hizo un mohín de saludo, al que contestamos con cortesía.
-Por último, y para terminar con el organigrama de oficiales, decir que la teniente Gemma Sabaté, es la responsable de la dirección pedagógica de primaria -aclaró Bernet-. Tiene el mando sobre las tres coordinadoras de primaria, la condestable Cari Luna (infantil), la cirujana Mercé Herrera (1º, 2º y 3º de primaria) y la capellana mayor Yolanda Ambrosio (4º, 5º y 6º). Todas ellas ausentes, por tratarse esta una reunión de segundo ciclo. Muy bien, y dicho esto, pasemos a revisar el orden del día.
El oficial Bernet sacó papel y bolígrafo y fue leyendo y tratando minuciosamente cada uno de los puntos que se hallaban pendientes de debate. La garla comenzó en torno a varias sustituciones planeadas para los días siguientes, martes y miércoles. Al parecer, varios marineros habían contraído unas fiebres palúdicas graves y debían ser relevados unos días.
Más tarde se trataron otros temas. Pude entender que alguno de los oficiales necesitaba la mediateca para pasar una película el jueves. Se preveía que el viernes faltasen otros tres marineros, que serían desembarcados en el puerto de Marsella para efectuar algunas transacciones.
Asimismo, se incidió sobre la venida de unos representantes sociales que venían a dar unas charlas, se habló sobre el "noticiari" que el oficial Bernet redactaba cada viernes, la reunión de interciclos, las elecciones del consejo, la salida de teatro de algunos de los batallones, la reunión de calidad y otra serie de  asuntos relacionados con el aniversario de San José de Calasanz, día de fiesta mayor entre los tigres del Sant Antoni, y en el que se disparan salvas de conmemoración, y se celebra todo género de actividades tales como "Caminatas por la Paz", y charlas sensibilizadoras sobre la vida en Senegal.
Para cerrar la reunión, el grupo de coordinadores disertó brevemente sobre las elecciones de la Asamblea (se fueron leyendo los puntos fuertes y débiles de la política y objetivos de los cuatro últimos años), y las Evaluaciones del alumnado: fechas límites de cierre de notas, etc.
No quiero extenderme en relación a esta reunión, lo cual tampoco es el objeto final de esta bitácora. Sin embargo, en los cincuenta minutos escasos que duró, mis compañeras y yo pudimos hacernos a la idea de la enorme carga de trabajo que los tigres antonianos llevan, a parte de sus obvias intervenciones de mando entre las filas de los navegantes, que son quizás las que más se perciben desde fuera.

Levando anclas

Parece ser que, en los orígenes, una virulenta enfermedad procedente de Levante peinaba las costas españolas de norte a sur. Lógicamente, no tardó en llegar a Barcelona. Los gobernantes, incapaces de domeñar las fiebres con el látigo del tesoro público, encargaron a los leopardos antonianos la gestión de un hospital que paliase el sufrimiento. Fue así como, unidas la "tau" antoniana y las armas de Barcelona, quedó instaurado el que más tarde sería el primer cuartel.
Se sabe que los leopardos antonianos mantuvieron su iglesia hasta bien entrado el XVIII. No sería hasta el once de mayo de 1806, que se firmara la cesión a los fieros escolapios, tigres de mil batallas y triunfadores de mil tormentas.
Mi llegada a bordo se produjo la mañana del día 15. Era una mañana de cielo despejado: ni una sola bruma hacía agitar las capas de aire.
Cuando llegué al embarcadero, el casco del Sant Antoni se balanceaba blandamente sobre las aguas. En el puente se vivía una gran agitación. Algunos comerciantes finalizaban sus transacciones, ante la atenta mirada de los marineros y oficiales que se afanaban por ultimar los preparativos.
No era una nave cualquiera. Parecía más bien de esos buques antiguos muy marineros diseñados para sobrevivir a las insondables tormentas de los Mares del Sur. En efecto, al acercarme, pude distinguir un casco recio, arcaico, de gran tonelaje, con tres palos de gran envergadura entre los castillos de proa y popa. Más tarde supe que más de mil quinientos grumetes pasan anualmente por sus camarotes. No es de extrañar, pues, que se haya convertido en uno de los buques insignia de la marina educativa de Cataluña.
Un teniente me indicó cómo llegar al castillo de proa. Allí fui recibido por el oficial de derrota, Roger Bernet, director pedagógico de secundaria, bachiller y ciclos formativos, y uno de los tigres más valerosos del Sant Antoni. No tardó en unírsenos mi compañera y timonel Anna de los Santos Artiga, con quien yo había coincidido en otra travesía a bordo del bergantín Pompeu Fabra.
La primera hora que pasamos con el oficial Bernet fue dedicada a nuestra instrucción general. Punto por punto, el oficial nos fue dando las pertinentes explicaciones en cuanto a los objetivos que requería el almirantazgo, bajo el mando de Sìlvia Lope. Bajo la cálida voz del oficial y escudándome en su límpida mirada de hombre bonacible, pude paliar en gran medida los nervios que me infundía mi nueva responsabilidad. Si bien, creo que tanto mi compañera como yo nos dábamos cuenta de que aquellas serían dos semanas de apasionada travesía por aguas inescrutables.
El oficial Bernet nos presentó a algunos otros camaradas en el puente. Tigres todos ellos de buen corazón e interminable saber hacer, experimentados como nadie en las batallas del día a día. Acodados en la amura de proa, vislumbramos cómo los objetos de la costa se alejaban hasta convertirse en figuras indistinguibles. Pronto la tierra desapareció del horizonte, y nos vimos rodeados únicamente de mar.
La visita guiada de la nave nos tomó menos tiempo del que hubiera sido menester. Ya se ha dicho que la nave está distribuida en torno a los dos torreones que conforman los castillos de popa y proa. Es en ellos donde el casco alcanza su desarrollo máximo, ya que, desde la cubierta hasta la línea de flotación la nave cuenta con cinco o seis pisos, con sus correspondientes entre-pisos.
En el castillo de popa, si mal no recuerdo, y de arriba abajo, se ubican una sala de reuniones de coordinadores y la sala de profesores; más abajo, en el cuarto piso, el despacho del oficial Bernet, y, respectivamente a lo largo de los pisos, sendos despachos de coordinadores de ciclo y otras dependencias que por su gran diversidad no recuerdo.
En la cubierta superior del puente, quinto piso, se encuentran los batallones de primero y segundo de bachiller, y 4º de ESO, y la fuerza de élite Ulises, los más fieros marineros que haya dado la patria. En el cuarto piso están las levas de 1º, 2º y 3º de ESO, levas con que la timonel De Los Santos y yo operaríamos más tarde. En la tercera cubierta, pude ver a los gavieros de 6º, 5º y 4º de primaria, y más abajo, en la segunda cubierta, a los artilleros de 3º, 2º y 1º de primaria. Ahora mismo no podría asegurarlo, pero imagino que los grumetillos de prescolar, los párvulos de la marina, son quienes están confinados en la primera cubierta, prácticamente paralelos a la línea de flotación y prestos a un abordaje a una sola orden de sus mayores.
Son varias las dependencias que se encuentran en el castillo de popa, si bien no he visitado este sector en tantas ocasiones como para hacerme una idea clara de su distribución. Recuerdo un par de salas de profesores, donde los fieros tigres descansan en sus ratos de ocio, que más bien son pocos. Si bien mis recuerdos son vagos e imprecisos, así que intentaré completar esta crónica a medida que discurran los días de mi periplo.
Toca ahora mencionar las delegaciones emplazadas en los medios-pisos, que conforman un juego laberíntico de pasillos y meandros de difícil descripción. Los indomables tigres andan por estas dependencias a sus anchas, demostrando un dominio del espacio sin parangón. Y he de decir que, si por mala ventura cayese un enemigo preso y fuese encerrado en alguna de aquellas mazmorras, no lo tendría fácil para encontrar la salida. Es allí donde se encuentran las salas de informática y tecnología, los cuatro laboratorios (de química, biología, y otros dos de cuyo nombre no quiero acordarme), el aula magna del buque, y una decena más de intrincados imposibles de dilucidar como no sea visitándolos más a menudo.
Por último, imposible sería pasar por alto la zona de calderas, alma del buque y fuerza motriz de tan colosal nave, sin cuyo combustible todo funcionamiento sería del todo imposible. Allí fuimos llevados prácticamente con los ojos vendados, atravesando mil rincones de la mano de nuestro oficial. Es en esta zona donde se ubican Secretaría y Dirección, y donde conocimos por fin al capitán, el director Ramón Beringues, un marinero alto y con espaldas de galeote, que nos dio la bienvenida deseándonos una buena travesía.
Vale decir que el buque cuenta con una chalupa anexa, llamada Casal. Esta chalupa navega siempre al pairo de la nave principal y se encarga de velar por las actividades extra-escolares. Su mando recae sobre el comodoro David Magrí, cuyo talante y funciones trataremos en un postrer momento.