domingo, 21 de noviembre de 2010

Maniobra de reconocimiento

La estridente voz del vigía de la cofa de mesana nos hizo salir de nuestra ensoñación, llamando a los marineros a recreo. Ciertamente pensé que un reconstituyente caliente y unas galletas rancias no podían hacerle ningún daño a mi anémico estómago.
Tras reponernos mediante aquellas viandas, nos dispusimos a afrontar nuestro primer reto: la toma de contacto con las levas de 2º de ESO B.
De la mano de la armera Turón, me dirigí a la segunda cubierta para conocer a aquellos bravos marineros. La armera me presentó a los suyos poniéndoles un poco al corriente acerca de las naves en las que yo había servido.
-El piloto Emperador invertirá con nosotros dos semanas de observación, para posteriormente desembarcar en Sicilia. Volveremos a recogerle después de las fiestas de Natividad de Nuestro Señor, con el fin de que se nos una para luchar en la campaña de primavera, contra los corsarios sin patria del Mediterráneo.
La armera Turón arengaba con estas palabras a sus fieros tigres, sobre quienes ejercía autoridad y dominio, pero para quienes siempre tenía la cordialidad y la amabilidad del trato personal.
-Muy bien, ahora comencemos con la maniobra sobre ecosistemas -prosiguió-. Antes de nada, recordar que el viernes estuvimos haciendo una práctica...
La armera fue recordándoles mediante pistas la práctica, de tal manera que fueron ellos mismos quienes le contaron a ella en qué había consistido. Constructivamente, los intrépidos marineros fueron creando un mapa sobre la pizarra y pasados cinco minutos no hubo quien no recordara la citada práctica.
-Pues bien -dijo-, para este viernes debéis tener la actividad de dilución. A parte de eso, os había mandado buscar las cinco especies de buitres existentes en Cataluña. ¿Los habéis encontrado?
Pude fijarme cómo aquellos valerosos tigres se desvivían y levantaban las manos para contestar a la armera. De uno en uno, y por turnos, ella les iba dando permiso para hablar, mientras que ellos contestaban lo que se les demandaba en cada ocasión. Eran pocos quienes no mostrasen interés en la maniobra, y en esos escasos momentos era ella quien les acicateaba para que contestasen, o entendiesen lo que se les solicitaba.
De tal modo transcurrió una media hora, en la que la armera Elisenda fue manteniendo un diálogo dinámico con sus tigres, departiendo sobre si el muérdago era parásito o no, y otra serie de cuestiones relacionadas con la ecología. Acto contínuo la armera trazó sobre la pizarra del camarote un esquema que construyeron los propios tigres con sus aportaciones puntuales. Se trataba del ciclo de materia y energía, en el que se mostraba cómo el sol alimentaba la cadena desde los cielos, y en el que el flujo de energía es traspasado de productores a consumidores, para ser posteriormente devuelto al inicio mediante los descomponedores.
Voto a Dios que de ella no salieron apenas palabras, como no fuera las meras indicaciones que hacían que sus bravos marineros recordasen autónomamente el ciclo.
Como no es mi intención alargarme demasiado al respecto, resumiré mis impresiones mediante una sucinta enumeración:
-Los tigres de 2º de ESO ya escriben en folios. Yo, durante mi etapa como grumete, no había escrito en folios hasta 2º o 3º de BUP.
-La armera Elisenda aprovecha cualquier tipo de pregunta, por desatinada que resulte, para sus propios fines: la redirige hacia el tema que se está tratando, y pone a prueba a sus marineros rebotándoles la pregunta de una manera desconcertante.
-La armera no hace preguntas directas: siempre son preguntas abiertas.
-Los alumnos son muy proactivos. Formulan numerosas preguntas. Si la pregunta está relacionada con el tema a tratar, Elisenda les permite seguir por esa senda. En caso contrario, corta la vía, y proporciona una vía de escape satisfactoria.
-La mayoría de alumnos disponen de una agenda escolar, en la que apuntan los deberes, fechas de examen, etc.
-Existen marcados roles entre los alumnos: líderes, bromistas, sociables, borregos que siguen a los líderes, empollones, responsables, pasotas, autistas, aplicados...
Aunque obtuve muchas otras impresiones, estas fueron las que me causaron mayor asombro.
Los últimos minutos de la maniobra fueron dedicados a hacer ejercicios del libro sobre el tema tratado. La armera anotó en la pizarra para cuándo tenían que estar listos, mientras los alumnos comenzaban a hacerlos. De este modo fue que Eslisenda pasara por las mesas, multiplicando su persona para solucionar las pequeñas dudas de sus alumnos, los pequeños problemas individuales, etc., advirtiendo a los más rezagados, alentando a los esforzados, zanjando a los inquisidores, o dando su tarea particular a los dos o tres bravos marineros que con algún problema no pueden seguir el ritmo de los demás.
Eran las 13:30 cuando volvimos a oír la voz del vigía de la cofa, que indicándonos el cambio de turno, nos daba la señal para ir a descansar. El aula se tornó un espacio de caos, una maraña en la que algunos salían corriendo y otros acudían a la armera Turón para resolver alguna duda de última hora. Definitivamente, aquel trabajo requería mucha dedicación: dentro del tiempo del aula, y fuera de él.
Ciertamente aquel había sido un día largo, lleno de nuevas emociones. Creo que no tardé ni cinco minutos en quedar dormido cuando me acosté en el jergón de paja de mi camarote.

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