domingo, 21 de noviembre de 2010

Martes soleado

El sol colgaba en lo alto del cielo cuando me desperté. Un dosel azul cubría el firmamento, salpicado con algunos cirros retorcidos en extrañas posturas.
Después de desayunar unas gachas aderezadas con hidromiel, me presenté en la cubierta. El teniente conserje me hizo saber que mi oficial de derrota, Roger Bernet, aguardaba en el laboratorio junto a las levas de la ESO.
Allí me encontré con la timonel De Los Santos, con quien estuve departiendo un rato acerca de la primera jornada. En líneas generales, coincidíamos en cuanto a la abrumadora cantidad de información a la que estábamos siendo sometidos.
El oficial Roger nos saludó con su habitual buen humor, presentándonos a Anna y a mí a sus muchachos. Sin más dilación, comenzó la instrucción de laboratorio.
Lo primero que hizo, fue poner en antecedentes a sus tigres, para que ninguno perdiese ripio.
-Los dos últimos días -dijo- hemos estado observando células vegetales y animales con el microscopio. Nos quedaría ver algún microorganismo.
Recordó cómo se clasificaban los seres vivos, y les hizo hincapié en la importancia y la necesidad de establecer claves dicotómicas para tal menester.
-Pensad alguna característica -prosiguió- que nos permita separar a los siguientes tigres en dos grupos.
Señaló a seis o siete alumnos, escribiendo sus nombres en la pizarra. Parece que el ver sus propios nombres o el de sus compañeros escritos en la pizarra, contextualizaba las claves dicotómicas, despertando en los audaces marineros un interés que de otro modo no hubiesen experimentado.
Fue diferenciando entre algunas características que permitían agrupar a los chicos en diferentes grupos: chico-chica, pelo moreno-no pelo moreno, pelo rizado-no pelo rizado, etc. De tal modo que al final sólo quedó una  valerosa grumete frente a la clase. Cualquiera podía darse cuenta de para qué se utilizaban las claves, pues, de tal modo que si uno iba por el monte y llevaba una clave dicotómica para identificar artrópodos, no tendría dudas a la hora de separarlos por la forma de sus patas, la posición de sus antenas o el color de su abdomen.
Dicho y hecho. Roger repartió entre los suyos sendos juegos de ocho llaves, para que los tigres construyeran su propia clave dicotómica. Y así fue como, separando las doradas de las plateadas, las dentadas de las no dentadas, o las que tenían una cubierta de plástico de las que no la tenían, los jóvenes grumetes fueron construyendo su propia clave de identificación específica.
Lo que más me llamó la atención de esta instrucción fue la manera de contextualizar el concepto de clave dicotómica en dos ambientes que podían serles muy familiares a los alumnos: su propio aspecto físico, y una simple llave, que todo el mundo ha visto y que todo el mundo ha tocado. Otro menos experimentado que Roger -podría haber sido yo- hubiese atacado el virginal cerebro de los jóvenes tigres directamente con una Genista florida, o un pepino de mar. Lo cual habría resultado nefasto, sin duda.
Cuando retornamos al castillo con el oficial Bernet, vimos a un marinero trabajando en la proa, afirmando la escota del foque. Volvimos a reunirnos con la guardiamarina Nuria Zapater, quien esta vez venía acompañada de su compañera de fatigas, la velera Ester de Trincheria, otra valerosa marinera con quien yo también había servido a bordo del Pompeu Fabra.
Estuvimos reunidos con Roger unos cincuenta minutos. Fue en esa reunión cuando nos entregó una copia del organigrama del centro -que más adelante intentaré escanerar- y cuando nos explicó en líneas generales el funcionamiento a nivel directivo y de departamentos que ya se ha descrito en la primera entrada de esta bitácora.
Como novedad, pudimos entender mejor la relación que se daba entre las 19 escuelas pías de Cataluña, abordar medianamente el tema de la "Pastoral UNESCO" -que más tarde nos explicaría Greta, su responsable-, conocer la existencia del Secretariado de las escuelas y enterarnos de que los territorios escolapios de Senegal, México y California pertenecían a la provincia escolapia de Cataluña. Gracias a la curiosidad creciente de la velera de Trincheria, también ahondamos superficialmente en las modalidades de diversificación, tales como PQPI, etc., y su problema de que, pese a ser concedidos por la consejería de Educación, son subvencionados por la de Trabajo. Por último conocimos la existencia de SEFED, o red de empresas simuladas en las que algunos grumetes rebeldes del Sant Antoni optan por una vía de aprendizaje dirigida ya al mundo empresarial.
Un marinero de castillo nos indicó desde el bauprés que habíamos avistado la costa francesa. Para mantenernos en aquella posición, el capitán dio orden de mantener el buque al pairo. Se bracearon las vergas,  de manera que las velas, contrariando su acción mutua mantuvieran la nave casi inmóvil.
Tras tomar un tentempié a base de carne picada y ron, la timonel De los Santos y yo subimos a la cuarta cubierta para encontrarnos con 1º de ESO C.
Habiendo resuelto un pequeño conflicto en el que un tigrecito travieso había ensuciado la mesa de una compañera y, por tanto, debía ir al despacho de la armera para coger los productos de limpieza y limpiar la cubierta, Elisenda nos presentó al nuevo grupo.
Me fijé en las paredes del aula, observando todo tipo de trabajos e informaciones expuestos allí: el English corner, una definición con todas las acepciones de la palabra "Silencio" sobre la pizarra, trabajos sobre campañas electorales de los alumnos, otro trabajo relacionado con la historia de sus padres, un tablón de anuncios lleno de informaciones -a cual más interesante-, una cadena de "manos" de cartulina que lleva implícito el mensaje "Conócete" correspondiente a la política de valores del Sant Antoni en el año presente, etcétera.
Quise notar que, los tigres de 1º de ESO, eran algo más agitados que sus compañeros de 2º. Sin embargo mi percepción podía estar deformada por la previa asistencia al recreo con que los primeros acababan de contar, razón por la cual aún venían alterados.
También me hizo gracia notar cómo se interesaban por mí, dejando momentáneamente de lado sus tareas. Que de dónde era, que si era extranjero, que cuántos idiomas sabía... En verdad son mentes muy curiosas y despiertas, que un día podrán llegar a navegar como el que más. Puede que fuera el hecho de que el puerto de Sant Antoni se encuentra en un barrio diverso, pero lo cierto es que en las aulas se percibe una gran variedad de fisionomías, procedentes de las cien naciones del globo.
En fin, la clase consistió en ejercicios y más ejercicios. Hubo un punto en el que parecía que el murmullo aumentaba y los tigres se desmandaban por momentos. Fue en ese instante cuando la armera Elisenda decició comenzar a corregir.
Terminada la corrección, Elisenda volvió a recorrer las mesas para socorrer a aquellos con mayores problemas, o con currículum adaptado.
Minutos después, estábamos de nuevo en la cubierta.
La velada terminó con una reunión en el castillo de proa, donde tuvimos ocasión de intimar con Greta Bayó, coordinadora de pastoral. La piloto nos estuvo instruyendo acerca de la encomiable labor llevada a cabo desde este departamento: en qué consistía el "Pastoral", por qué el Sant Antoni era un buque "UNESCO", la filosofía de la escuela (trabajar los valores personales y la fe y cultura religiosa...), etc.
También nos explicó que, desde este departamento, cada año se pensaba un lema para el buque, lema a través del cual se trabajaran esos valores desde todos los ámbitos a lo largo del año. Creo que ya lo he mencionado antes, pero el lema de este año es "Descúbrete". No tardé en percatarme de que de ahí venía lo de la decoración de las aulas con las "manos" de cartulina.
Lo último sobre lo que nos habló la piloto de pastoral fue los grupos de voluntariado, el grupo verde (ecologistas elegidos entre los grumetes del colegio), el grupo "Kasumai", y el grupo de cariz religioso "Mou-te", para aquellos intrépidos tigres que desean participar de la comunión y la confirmación en nuestro Señor Jesucristo.
Nuevamente llegué a mi jergón agotado, a tal punto que quedé dormido sobre las mantas si apenas haberme quitado las sucias botas.
Quedaba mucho por aprender. Mañana sería un día duro en el Sant Antoni. Más me valía descansar.

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