domingo, 21 de noviembre de 2010

Ulises

Un incidente de grave magnitud nos despertó  de madrugada. El buque había encallado en una rada de poca profundidad. El vigía de la cofa no había tenido tiempo de reaccionar ante el montículo que se aproximaba desde estribor por avante, de tal modo que despertamos sobresaltados por un crujido como venido de los infiernos.
El capitán tomó la resolución de esperar a que subiera la marea para proceder a maniobrar. Fueron cerradas las vías de agua, de tal manera que, salvando algunos desperfectos en el casco, la cosa paró ahí. Sin embargo yo no pude volver a dormirme.
Ya de mañana tenía tanto sueño que cinco kilos de achicoria no me hubieran bastado para despertar.
Era miércoles.
A primera hora, mis tres compañeras y yo nos reunimos con el mayor Xavi, mentor de mis compañeras Zapater y Trincheria. El mayor Xavi fue el encargado de explicarnos el funcionamiento de los "seminarios", o departamentos en los cuales se organizan los oficiales de cada asignatura. Hay varios seminarios, agrupados por materias: matemáticas, idiomas, artes plásticas y música, experimentales, etc. Cada seminario se reúne dos veces por semana. Existe un jefe de seminario que presenta el acta del día, con los asuntos a tratar. Asimismo, cada dos meses se celebra una reunión de los "jefes" de seminario, junto con los coordinadores de etapa, el cap pedagógico y el cap de orientación. Sin duda una tarea loable y que requiere mucha dedicación.
Si mal no recuerdo, las funciones principales de la constitución de los seminarios son, en primer lugar, velar por la pedagogía, y en segundo término, atender a la necesidad de materiales, etc. A parte de eso, mencionar la existencia de una persona que dedica dos horas semanales a la manutención de los laboratorios. Lo mismo sucede en las aulas de tecnología.
El resto de la conversación versó sobre el "constructivismo", del cual Xavi es un acérrimo defensor. Acicateado por nuestras preguntas, fuimos obteniendo diversas informaciones acerca de lo que a él le suscitaba este tema en particular.
-Es esta -nos dijo- una escuela experimental de reforma. Nuestro objetivo es desligarnos del libro, dirigiéndonos hacia una enseñanza activa y en contexto.
No sé por qué, pero no pude evitar acordarme del oficial Bernet con sus llaves y sus claves dicotómicas.
-Una de nuestras mayores metas -explicó Xavi- es que el profesor pueda transmitir a sus tigres su criterio de evaluación, para acto seguido mostrarles los elementos que usará para valorar ese criterio. Es muy importante que se haga hincapié en el nivel de satisfacción que estos recursos salpican sobre el alumnado; debemos encontrar las causas. Por último -concluyó-, deberíamos tener claros los recursos que necesitaríamos para mejorar cualquiera de esos criterios.
Nos estuvo también explicando un posible motivo por el cual algunos oficiales de clase "magistral" eran reacios a pasar al constructivismo. Al parecer, la falta de seguridad impedía que algunos docentes prescindieran del libro a la hora de impartir sus lecciones.
-"Es que lo probé una vez, y me salió mal" -imitó la voz de uno de sus compañeros-. ¿Y qué? ¡Para que una actividad salga bien hay que probarla unas cuantas veces!... ¡Los alumnos deben acostumbrarse al nuevo modo de trabajo!... No podemos pedirles que nos sigan desde la primera vez... -hizo una pausa para tomar aire. No paraba de gesticular con las manos-. ¿Para qué queremos saber cuántas patas tiene un miriápodo? ¡Por supuesto que es importante!... Pero más importante es que enseñemos a nuestros tigres a mirar la naturaleza. Que les demos tiempo para ello. ¡Cómo van a aprender si ni siquiera me aguantan que les ponga una película!...
Lo último que nos estuvo explicando fue la culpabilidad que detentaban las editoriales a la hora de que se produjera el cambio didáctico, ya que eran ellas las más reacias a apostar por unos materiales que consideraban se venderían peor, o para un mercado más reducido. Cerramos la sesión comentando la dificultad de adaptar una infraestructura vieja, como es la del Sant Antoni, a la adquisición del proyecto 1x1.
La mañana discurría tranquila. A eso de las 11:30 divisamos un navío por babor. Probablemente se trataba de uno de los mercantes de la flota británica. Un barco pequeño y veloz, con una quilla de treinta y cinco pies y nueve pies de manga.
Volvimos a bajar a la cuarta, donde la armera Elisenda ya arengaba a sus tigres de 1º de ESO.
-Habíamos quedado en entregar el dossier de "biodiversidad", ¿verdad? -recordó-. Muy bien, id entregándome los dossier mientras os devuelvo los dossieres corregidos de la semana pasada.
A medida que los tigres se acercaban a ella, me fijé en que algunos alumnos se hallaban sentados en sitios diferentes a los del otro día.
Me llamó la atención que ella les fuera explicando los criterios que había utilizado en la evaluación, tal como había dicho por la mañana el mayor Xavi. De ese modo los grumetes pueden darse cuenta de dónde y por qué han fallado, y cómo subsanar sus errores para la próxima ocasión.
Al cabo de un rato, cuando todos hubieron entregado su dossier, la armera Turón repasó los contenidos que entrarían en el examen de la semana siguiente:
-¿Qué preguntas pueden caeros? -inquirió-. ¿Qué reinos conocemos?... ¿Qué tipos de células pueden tener los seres vivos?... ¿Qué más diferencia a los reinos?
Ya había percibido anteriormente esta estrategia en su modo de hacer. Mediante preguntas, conseguía exprimir al máximo los cerebros de aquellos valerosos tigres ansiosos por aprender. Procediendo así, construyó con los comentarios un cuadro que ocupaba media pizarra, donde se ubicaban los cinco reinos y sus características diferenciales.
-¡Importante para el martes!... -dijo, señalando la pizarra-. ¿Qué más cosas son importantes para el examen?
Algunos grumetes le lanzaban un comentario. Ella les preguntaba en qué consistía, y de ese modo les iba tirando del hilo hasta agotar todas las posibilidades didácticas de un tema. Fue así como el encerado se llenó de términos tales como "Teoría de la evolución", "Especie" o "Biodiversidad".
Fue gracioso escuchar cómo una muchacha preguntaba acerca de la idea previa que ya habíamos estudiado con nuestra almirante Sìlvia.
-¿Por qué hay que sacar las plantas de la habitación por la noche?
Lo último que el grupo repasó antes de dar por zanjado el asunto, fueron las partes del microscopio.
-¿Dudas? -preguntó Elisenda-. ¿No?... Muy bien. Actividades de síntesis.
La clase terminó con normalidad, sin que sucediera ninguna coyuntura diferente a la de días anteriores.
Cuando nos dirigíamos al castillo de proa, nos cruzamos con el capitán, que enfocaba con el catalejo hacia el navío británico, que prácticamente ya era un punto en la lejanía.
Al lado del castillo nos esperaba Carme, la contramaestre, responsable del departamento de orientación. Nos recibió en el aula en que reciben instrucción los Ulises, la tropa de élite del Sant Antoni. Estos fieros marineros nos miraron con expectación, algunos más tímidos que otros. En ellos pudimos percibir fuerza y valor, así como ganas de superación.
Habiéndoles encomendado su tarea del día, Carme les dejó solos para acompañarnos a nosotros hasta el castillo. Allí, nos puso al corriente sobre los recursos de atención a la diversidad para alumnos con dificultades de aprendizaje. Nos habló sobre las aulas de acogida para extranjeros recién llegados, los refuerzos, las atenciones individualizadas (puntualmente en adaptaciones curriculares), los desdoblamientos (división de clase por la mitad), las tutorías individualizadas, las optarivas, las tropas de élite Ulises (en 3º y 4º de ESO), los planes de acción tutorial...
Ya era la hora del crepúsculo cuando Carme coronaba sus explicaciones asegurándonos que la educación que se escribe sobre papel es una utopía, y que quien mira a la lista de alumnos, y no a los sus ojos buscando las necesidades particulares, no sabe nada de educación.
Quedé profundamente impresionado por esta bravía marinera de la educación, porque desde el primer momento en que hablas con ella puedes darte cuenta de que cree ciegamente en lo que hace.
Bajo la nube de estas reflexiones despedí el día, recostado en el almohadón de mi lecho, con los brazos estirados y las manos apoyadas bajo la cabeza.
No recuerdo si tardé mucho tiempo en quedar dormido.

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