La potencia marinera de nuestra nave hizo que pusiéramos millas de por medio, perdiendo, así, la estela persecutoria de los franceses.
-No tardarán en arribar refuerzos -había asegurado el capitán-. Los praos de los demás tigres de Sant Antoni nos esperan en puertos sicilianos. No debemos desesperar.
A las 9:00, cepillé mis botas y poco después me reuní con el oficial Bernet, en la cuarta cubierta. El grupo de 2º de ESO se enfrentaba a una nueva sesión práctica, que versaba sobre "suelos contaminados" y "pozos". Había sido una actividad enviada por algún organismo dependiente de la consejería de educación, si mal no recuerdo. Era un pack que contenía suficientes materiales como para hacer una práctica de siete sesiones. Realmente quedé maravillado por la capacidad que demostraba el oficial de derrota para la búsqueda de nuevos materiales de enseñanza.
-Ninguno ha hecho los deberes -protestó Roger-. ¿Cómo queréis que continuemos hoy, si no habéis trabajado nada? Muy bien, como vosotros queráis. Pero veo que tendremos que dejar de venir al laboratorio.
Aquello fue un golpe bajo. Los muchachos no podían aguantar la mirada del oficial, y muchos de ellos miraban hacia el suelo, avergonzados. Luego el oficial tomó la lista, y fue anotando quién había hecho y quién no había hecho las tareas.
-Tenía preparadas para hoy algunas actividades -continuó-, pero bueno, peor para vosotros. ¡Hala! Poneos a hacer lo que teníais que haber hecho en casa.
Más tarde, repasaron algunas unidades de medida, tales como los gramos, miligramos y microgramos. A la hora de corregir los ejercicios, explicó el porqué de haber obtenido resultados diferentes. Fue entonces cuando habló sobre los errores relativos y absolutos, los errores de manipulación, etc.
Finalizada la sesión, la timonel De los Santos y yo, bebimos una taza de achicoria.
No tardamos en volver a reunirnos con Astrud, la estibadora del aula de acogida, quien pretendía relatarnos en profundidad en qué consistían sus faenas.
El Aula de acogida había nacido por necesidad, ante la ramificación familiar masiva y el incremento de la inmigración, años atrás. "Madres a distancia", o "padres a distancia", fueron términos que se habían generalizado en los últimos diez años. Así como ellas solían provenir de sur y centroamérica, ellos, sin embargo, provenían de regiones orientales, como la India o Bangladesh. Uno de los fines que pretendía alcanzar el aula de acogida era el de evitar los errores cometidos en Alemania y Francia, donde la masiva inmigración había desembocado en la creación de guetos.
En sus orígenes, el aula se ubicaba fuera de la escuela. Recibía a grumetes desde los cuatro años. La mayoría de niños venían a través del "consorci", y no es que escogieran voluntariamente esta escuela (de pago), sino que eran asignados a una u otra sin poder elegir. Algunos padres se sorprendían al llegar y ver que había que pagar por enrolar a sus muchachos en el Sant Antoni.
Muchos otros jóvenes, llegaban en el momento crítico de la adolescencia, habiendo renunciado a su cultura originaria, o a su abuela, que en muchos casos era la persona que les había criado desde que nacieron, encontrándose de golpe en una sociedad que no entendían, inmersos en un idioma que desconocían, y bajo la tutela de una madre o un padre al que habían visto en contadas ocasiones... se encontraban con unos hermanos desconocidos.
El objetivo principal del aula no era otro que la adaptación de los jóvenes al entorno, y el entendimiento de la cultura y la manera de vivir.
La estibadora nos aseguró que, para muchos de estos jóvenes, el ritmo de vida occidental es frenético: puntualidad, asignaturas, materiales... circunstancias a la que muchos jóvenes, por provenir de otras culturas, no estaban ni siquiera acostumbrados. La función del aula era un poco la de frenar este frenesí, inyectárselo a los bravos tigres en pequeñas dosis.
El primer paso a la hora de recibir a un nuevo grumete, es el de someterle a una serie de pruebas a nivel de conocimientos en su propia lengua. Dentro de estas pruebas, destacan las de cálculo (matemáticas), comentario y comprensión de textos, idiomas extranjeros (inglés...), etc. En algunos casos la prueba consiste simplemente en averiguar si el joven está o no alfabetizado.
Una vez hecho esto, se procede a la búsqueda de una clase o un grupo que pueda ser susceptible de recibir en mejores condiciones al muchacho. Los primeros días asiste a las clases y las alterna con un par de horas diarias de aula de acogida. Dependiendo de su evolución se la incrementa el número de horas en una u otra clase. También se le ponen tareas desde el aula de acogida para que las horas que pasa en la clase normal pueda ir trabajando algunos temas (ya que allí no entienden nada).
Los dos primeros trimestres no se les ponen notas. Se valoran únicamente la actitud, los hábitos y el nivel de adaptación. A cada uno de ellos se le aplica un plan individualizado, aunque normalmente lo más difícil siempre es la integración. En general existe mucho protocolo y burocracia cada vez que llega un nuevo alumno.
Tras la finalización de esta sesión de aula de acogida, me enteré de que estábamos a pocas leguas de Mesina, en Sicilia. El fin de mi travesía se acercaba, y un extraño nudo en el estómago me decía que abandonar el Sant Antoni me infligiría una pena mayor de lo que al principio hubiera supuesto.
Pero antes de mi desembarco, debía reencontrarme una última vez con las levas de 2º de bachiller.
Volvíamos del recreo. Xavi apoyaba su pie en la amura de proa, contemplando cómo la tierra de Sicilia se venía hacia nosotros.
-Vamos -nos dijo. Al laboratorio de química.
Le seguimos sin apenas preguntar. De alguna manera mi corazón se venía anegado de nostalgia al percibir que mis últimas horas a bordo comenzaban a evaporarse.
Ideas previas sobre glúcidos. Después, pidiendo la colaboración de sus valerosos tigres, fueron llenando la pizarra con monosacáridos, oloigosacáridos, polisacáridos... El bravo constructor fue arrojando sus inquisiciones, igual que saetas que mordieran el raciocinio de los jóvenes, preguntando aquí y allá, para llenar la pizarra de grupos alcohol y carbonilo.
Después de haber dejado el encerado bien denso, ayudó a que, entre todos, hicieran una clasificación de todos aquellos glúcidos, según los criterios que previamente había establecido.
Borrón y cuenta nueva. Escribió nuevos casos, y preguntó por alguien que se atreviera a resolverlos.
Esta sesión me sirvió para recordar algunos conocimientos que tenía en la zona más oscura del pensamiento, como por ejemplo la manera de numerar las moléculas de carbono, lo que es un carbono asimétrico, etc.
Y así fue como, entre cetopentosas y aldotetrosas, terminó mi estancia en el buque. Dirigí mis pasos hacia el camarote, hice mi petate y salí de la habitación, permaneciendo unos segundos en el umbral de la puerta.
Aquel lugar se había colado bajo mi piel, aquellas crujientes maderas del Sant Antoni, habían hecho mella en mis abismos corporales.
Suerte que pude sonreír, pensando que a aquellos aposentos no les decía adiós, sino hasta luego. Suerte que pude callar, pues sabía que, no tardando mucho, sería ascendido y podría convertirme en uno de aquellos bravos tigres, que se dejan la piel cada día en el barrio de Sant Antoni.
H.D.Emperador
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