El tiempo transcurrió como una centella y, cuando menos quise darme cuenta, estaba de nuevo embarcado en el Sant Antoni.
Había pasado las fiestas de Natividad al abrigo del hogar materno, en mi tierra natal de León; sin embargo las nieves no se hicieron tan díscolas que pudieran retenerme en casa por mucho tiempo. En cuanto los pasos montañosos estuvieron transitables, no dudé en encaminarme de nuevo a la ciudad condal, donde deseaba ponerme de nuevo a las órdenes del oficial Bernet.
Sucedió esto el 10 de enero y, pasados un par de días, la sensación de haber abandonado el barco y haber vuelto a él se hizo muy efímera, como si jamás hubiese dejado de surcar el océano para hollar con mis pies la tierra.
No podía ser más agradable la vuelta, ni menos instructiva, pues al poco de haberme ajustado el uniforme de marinero, me requirieron en los laboratorios de la tercera cubierta, donde la valerosa gaviera de 3º de ESO, Rosa, me esperaba para una práctica de identificación de grupo sanguíneo.
Fue aquella la primera vez que me codeé con los audaces tigres de tercero, tunantes y temibles donde los haya, pero bravos marineros y generosos de corazón, con quienes intercambié algunas palabras de salutación.
Algunos sucesos acaecidos durante el día me hicieron sentir que ahora formaba una parte más sólida del buque. En primer lugar, tanto a mí como a mi compañera la timonel de los Santos, se nos otorgó libre acceso a la intranet del barco, así como la posibilidad de utilizar ordenadores y salas de profesores.
A parte de ello, también se nos hizo rápidamente partícipes de la concreta misión que deberíamos desempeñar en la futura fase de intervención autónoma, de modo que aquel mismo día conocimos las unidades didácticas que habríamos de preparar, tanto para 2ºde ESO como para 1º de bachiller.
2ºESO: Geodinámica interna. Placas tectónicas, volcanes y terremotos.
1ºBachiller: Genética (sin más detalles).
Como una pedrada que nos hiciera despertar caían todas aquellas obligaciones sobre nuestras relajadas conciencias, acaso demasiado acostumbradas a las relajadas vacaciones del turrón y el champagne. Tampoco tardó en ponernos al corriente la armera Elisenda Turón de los despachos enviados por Sìlvia desde el almirantazgo, en los que se nos defería el deber de ejecutar en las próximas semanas una práctica TIC, otra en la que trabajáramos el lenguaje, y alguna salida del buque con la pequeña tropa.
Como digo, todo aquello nos abrumaba, sin embargo nos vimos en la necesidad de apretar los puños y mostrarnos impertérritos. Habíamos venido a hacer nuestro trabajo, y, por tanto, lo ejecutaríamos sin vacilar.
Más tarde se llegó a consenso con Roger y pronto supimos que nuestra primera práctica sería de diferenciación de hojas en las plantas: simples compuestas, paralelinervias y qué sé yo...
Había pasado las fiestas de Natividad al abrigo del hogar materno, en mi tierra natal de León; sin embargo las nieves no se hicieron tan díscolas que pudieran retenerme en casa por mucho tiempo. En cuanto los pasos montañosos estuvieron transitables, no dudé en encaminarme de nuevo a la ciudad condal, donde deseaba ponerme de nuevo a las órdenes del oficial Bernet.
Sucedió esto el 10 de enero y, pasados un par de días, la sensación de haber abandonado el barco y haber vuelto a él se hizo muy efímera, como si jamás hubiese dejado de surcar el océano para hollar con mis pies la tierra.
No podía ser más agradable la vuelta, ni menos instructiva, pues al poco de haberme ajustado el uniforme de marinero, me requirieron en los laboratorios de la tercera cubierta, donde la valerosa gaviera de 3º de ESO, Rosa, me esperaba para una práctica de identificación de grupo sanguíneo.
Fue aquella la primera vez que me codeé con los audaces tigres de tercero, tunantes y temibles donde los haya, pero bravos marineros y generosos de corazón, con quienes intercambié algunas palabras de salutación.
Algunos sucesos acaecidos durante el día me hicieron sentir que ahora formaba una parte más sólida del buque. En primer lugar, tanto a mí como a mi compañera la timonel de los Santos, se nos otorgó libre acceso a la intranet del barco, así como la posibilidad de utilizar ordenadores y salas de profesores.
A parte de ello, también se nos hizo rápidamente partícipes de la concreta misión que deberíamos desempeñar en la futura fase de intervención autónoma, de modo que aquel mismo día conocimos las unidades didácticas que habríamos de preparar, tanto para 2ºde ESO como para 1º de bachiller.
2ºESO: Geodinámica interna. Placas tectónicas, volcanes y terremotos.
1ºBachiller: Genética (sin más detalles).
Como una pedrada que nos hiciera despertar caían todas aquellas obligaciones sobre nuestras relajadas conciencias, acaso demasiado acostumbradas a las relajadas vacaciones del turrón y el champagne. Tampoco tardó en ponernos al corriente la armera Elisenda Turón de los despachos enviados por Sìlvia desde el almirantazgo, en los que se nos defería el deber de ejecutar en las próximas semanas una práctica TIC, otra en la que trabajáramos el lenguaje, y alguna salida del buque con la pequeña tropa.
Como digo, todo aquello nos abrumaba, sin embargo nos vimos en la necesidad de apretar los puños y mostrarnos impertérritos. Habíamos venido a hacer nuestro trabajo, y, por tanto, lo ejecutaríamos sin vacilar.
Más tarde se llegó a consenso con Roger y pronto supimos que nuestra primera práctica sería de diferenciación de hojas en las plantas: simples compuestas, paralelinervias y qué sé yo...
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